A no ser por el alma y por la melena
De sus vecinos no se distinguiría
Su oficio fue retorcerle el cuello a la pena
Y abrir una ventana a la fantasía.
(J. Sabina)
El símbolo de la paz en el pecho de Rafa en la primera página del “Diario de Mallorca” en el rescate de Jessie y Jose en La Fosca. Un recuerdo. Entre tantos. Tantísimos.
Se nos ha ido un amigo, un hermano, un maestro, algunos lo comparan con la luna, eterno, siempre allí, una luz que nos ha guiado. Nos ha dejado un gran vacío, pero un inmenso legado de amistad y valentía, de espíritu de superación. Su sonrisa y su buen humor siempre perdurarán entre todos nosotros. Y no somos pocos.
Hay gente que viene al mundo para enseñar cosas y Rafa ha sido de ese tipo de personas. Hemos aprendido de él que la vida hay que vivirla y disfrutarla con una gran sonrisa y mucho humor. Ante todo un caballero, que nos enseñó a luchar con la mejor arma: el humor.
Nos deja muchas cosas, incontables anécdotas, que siempre formarán parte de nuestro recuerdo y nos harán sonreír. ¿Cómo olvidar el “vale, pero yo debajo”, el “qué malito estoy y qué poco me quejo” o su eterna respuesta al cómo estas… “buenísimo”?
Fue un como un gran árbol, sabio y fuerte, que nos cobijó a todos, un pilar en nuestras vidas, que seguro seguirá cuidando de nosotros, allá donde esté, como hizo mientras estuvo en vida.
Extraño, como un pato en el Manzanares.
Torpe, como un suicida sin vocación.
Absurdo, como un belga por soleares.
Vacío, como una isla sin Robinson.
Errante, como un taxi por el desierto.
Quemado, como el cielo de Chernobil.
Solo, como un poeta en el aeropuerto.
Así estoy yo sin ti.
Inútil, como un sello por triplicado,
como el libro del porvenir.
Violento, como un niño sin cumpleaños,
Como el perfume del desengaño.
Así estoy yo sin ti.
(J. Sabina)
Gracias, Rafa. Hasta siempre.




