Sr. Alcalde, Sra. Concejala de Cultura, Sras. y Sres. Buenas noches a todos. Gracias por venir.
Permítanme, en primer lugar, agradecer a los organizadores de esta Nit de l´art el esfuerzo realizado para conseguir, un año más, llevar la cultura a las calles de nuestra ciudad. Resulta sorprendente de que a pesar de la que está cayendo en nuestro país, exista una serie de enamorados del arte y empresas privadas que inviertan su tiempo y su dinero en hacer posible eventos como el de esta noche. Muchísimas gracias, de nuevo, a todos ellos.
Y es que vivimos en una nación desdichada, en una época de quiebra moral y, por mucho que lo intentemos, no podemos escapar de las exigencias temporales; ningún embellecimiento es capaz de mitigar el hecho de la muerte, de la angustia, del sufrimiento diario de miles de familias que en nuestro país sufren las consecuencias de la avaricia de algunos pocos, de la indignación, del miedo.
Kafka, y permítanme la referencia intelectual, escribió que uno siempre tiene la posibilidad de ignorar el sufrimiento de otros y decidir no participar en él, pero que al tomar esta decisión uno se condena al único sufrimiento que podría haber evitado. Eso espero.
Acabo de llegar de Weimar. He estado rodando allí una serie de películas para la mayor cadena de TV europea: Göthe escribió allí su Fausto. Murió en su biblioteca. Schiller vivió allí esperando durante dos años a que Wolfgang se dignara a recibirle y aprovechó ese tiempo de espera para hacer dos cosas: escribir y forjar, entretanto, uno de los “menage a trois” incestuosos mas famosos y escandalizadores de toda una época. Nietzsche vivió allí, y Kant, y Kafka. La Bauhaus nació en Weimar y su Escuela Superior de Música es una de las mas prestigiosas del mundo. Así que, ustedes me comprenderán, llego sofocado por tanto genio y por tanto ingenio.
Podría relatarles muchas anécdotas de estos tres meses de rodaje pero voy a ceñirme a una sola que, además, poco o mucho (ustedes decidirán) tiene que ver con el cine.
Desconozco si ustedes lo saben, pero a escasos 6 Km de esa magnífica y encantadora ciudad se erige uno de los campos de concentración mas sanguinarios construidos jamás.
Buchenwald se inauguró en 1937. En principio, se trataba de un campo para prisioneros políticos. Con el transcurso de la guerra y de la locura nazi, fueron sumados a éstos: artistas, judíos, homosexuales y gitanos. En 1945, justo antes del fin de la contienda, Buchenwald tenía un sobrecupo de alrededor de 100.000 prisioneros. A partir del 6 de abril de ese mismo año, los oficiales del campo, dieron la orden de enviar a los prisioneros a las llamadas “caminatas de muerte”. Cuatro días después, el 11 de abril, los estadounidenses descubrieron el campo de concentración. En total, pasaron 240.000 prisioneros por las puertas de Buchenwald. Más de 65.000 fueron torturados y asesinados.
En fin, parte del rodaje de una de mis películas tuvo lugar en ese infame camino que hoy lleva el nombre de Blut Straße (el camino de la sangre) así que, por respeto y sentido histórico, visité junto a mi asistente y mi director de fotografía (cuya abuela, además, había perecido en ese campo) las instalaciones del horror. No es el primer Campo de Concentración que he visitado, pero les aseguro que las descomunales proporciones de Buchenwald no dejan indiferente a nadie. La locura nazi y la puntillosa corrección administrativa alemana son de una perfección tan sobrecogedora y grotesca que hacen que sea difícil mantener la fe en la raza humana.
Pues bien, en medio de este pandemónium del horror, descubrí algo que hizo que toda la tensión acumulada durante la visita se diluyera en lágrimas. En un rincón de uno de los museos del campo, se proyectaban los relatos de algunos de los presos que sobrevivieron al genocidio. El hombre que aparecía en la imagen, ya mayor, explicaba la aterradora experiencia que le toco vivir junto a los otros prisioneros. Ya se pueden imaginar que el relato era de una crueldad extrema, pero lo que mas me conmovió fue la serenidad estremecedora con la que ese hombre desglosaba el terror cotidiano. Hasta que, de repente, también sus ojos se anegaron en lágrimas al recordar que fue sólo, gracias a las reuniones nocturnas entre los prisioneros, como consiguió escapar a la muerte, sobrevivir al infierno.
Y saben ustedes lo que ocurría durante esas reuniones ? Se recitaba poesía. Durante horas. Sólo poesía.
Ese fue uno de los momentos en el que volví a entender el verdadero sentido de mi profesión. El cine, señoras y señores, como la poesía, no es un sitio al que se va para olvidar, sino más bien un sitio al que se va para recordar.
Como cineastas, aquello que rodamos, diseñamos, escribimos, no proviene de una fantasía individual carente de sentido, sino del alma de los tiempos, esa alma que se observa y se expresa en el artista. El artista es como el explorador avanzado de la conciencia social.
Se nos ha dicho que el cine está muriendo. Y es cierto, y en vez de quitarle importancia, deberíamos comprenderlo. Pero no es el cine el que está muriendo, sino los hombres y mujeres; la sociedad. Y mientras ésta muere aparece un nuevo grupo de exploradores, artistas cuyas ideas son primero repudiadas, luego sacralizadas, luego repudiadas de nuevo. El cine está siempre muriendo porque la inspiración artística no puede ser inculcada; sólo puede ser alimentada. Y en nuestro país eso empieza a ser complicado.
Vivimos en un país analfabeto. Los medios de comunicación de masas comercian con lo más bajo de la experiencia humana y, en último término, nos envilecen a todos por el puro peso de su insensatez. En nuestro país, lamentablemente la cultura, la investigación o la educación son temas “incómodos” . Las preferencias políticas apuntan a otros sectores y mientras esto suceda, será imposible recuperar la calidad de vida a la que estábamos acostumbrados.
Por nuestra parte, lo que de ningún modo puede suceder es que acabemos por aceptar nuestra desdicha. Si lo hacemos, nos estamos destruyendo a nosotros mismos.
Debemos entender y hacer entender, que la cultura no tiene nada que ver con los famosos. La cultura no es un calendario de premios literarios, festivales de cine y temporadas de ópera. La cultura no es un nido de evasores de impuestos, gángsters bien vestidos o productores de cine millonarios e indolentes que se forran gracias a la falta de criterio de sus ineptos seguidores.
Como diría mi admirada Almudena Grandes y pido perdón por anticipado al Sr. Alcalde y a su Concejala de Cultura: de todas las políticas perversas que ha puesto en marcha el Gobierno de Rajoy, la cultural es una de las más potencialmente nefastas.
La cultura tiene que ver con las canciones que cantan las madres a los hijos para que se duerman en sus brazos. La cultura es la lengua, ese inagotable tesoro de palabras que nos permite describir lo que sentimos y contárselo a los demás. Es el conjunto de imágenes, de escenarios de paisajes de nuestra vida. Nuestra identidad personal se cimenta en un conjunto de historias, de sentimientos, de emociones que, unidas a muchas otras, distintas pero semejantes, definen la identidad de un país.
Eso sí es cultura y atacarla o no defenderla y apoyarla es lo mismo que bombardear la línea de flotación de un barco en el que viajamos todos, un barco que navegaría mucho mejor, y más deprisa, si todos remaran a una, siempre en la misma dirección.
Esta noche el arte, el cine, la cultura, volverá a inundar las calles de Sóller. Será un año más la fiesta de todos. No poseemos nada mejor, nada más valioso.
Por favor salgan hoy a la calle y sostengan el espíritu de esta fiesta …mientras llegan tiempos mejores.
Muchas gracias.
David Carreras, pregoner de la Nit de l’Art 2014




